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Ingredientes
(1 persona):
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sal
(podéis
llevarla en un carrete de fotografía vacío)
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aceite
(en
un botecito de plástico hermético)
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un puñado de judías verdes
-
una patata mediana
(las
cantidades son orientativas, depende del hambre y del
saque de cada uno) y
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optativo, un poco de orégano, albahaca
o perejil, que, con un poco de suerte y
si es época, lo podéis coger fresco del
campo, si no, llevarlo seco de casa. |
Preparación:
Lavar
y cortar cada judía en 3 ó 4 trozos
para simplificar la cocción.
Pelar
la patata y cortarla también, ésta en
cuadraditos.
Cuando
el agua rompa a hervir en la cacerola, echarle un
pelín de sal, un chorrillo de aceite, las judías
y la patata. La cantidad de agua ha de ser la justa
(cubriendo un poco los ingredientes).
Poner
la tapadera, para que no se escapen con el vapor los
elementos nutritivos volátiles. Al haber sido
troceados los ingredientes se cuecen antes. Ahora,
eso sí, no cocinarlos de más, pues perderían
minerales y oligoelementos. Yo los tengo 10 minutos
a fuego lento, que es cuando están a su punto
justo(ni están crudos, ni se te deshacen en
la boca).
Les
quitas el caldo (éste se puede aprovechar a
su vez para hacer una sopita, pues han cogido muchos
de los elementos nutritivos de judías y patatas).
Les
echas sal por encima, unos buenos chorros de aceite,
unas hierbecillas y a comer. Así de simple
y de barato.
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Propiedades:
Las
judías verdes son ricas
en fibra y en minerales que se pierden mucho con la
sudación, además ayudan al hígado
a excretar los residuos que se acumulan con el ejercicio.
Para llevarlas en las alforjas envolverlas en papel,
no en plástico.
La
patata aporta, entre
otros, carbohidratos y vitamina B6. Baja la acidez en
el cuerpo, causada por la quema de alimentos para producir
la energía. Sus proteínas son de las mejores.
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