Riaza-Majaelrayo-Espinosa de Henares · 6.05.07 por Juan Merallo
Enero de 1996. Ruta de dos días. Riaza-Majaelrayo-Espinosa de Henares.
Participantes: Josu (organizador), Juan Merallo, Mariano, Gerry, Paloma Blázquez y Paloma Gil.



Viajamos en tren regional (antes de que cerraran esta línea) y al llegar a Riaza hace un sol espléndido. Al empezar a subir el Puerto de la Quesera se nubla y aparecen las primeras nieves en el pavimento. Los últimos kilómetros los hacemos pedaleando sobre hielo y nieve, extasiados por la pureza paisajística que el color blanco otorga al entorno. En lo alto del puerto el frío es muy intenso y hay una fuerte ventisca. Josu y yo bajamos el puerto montados en la bici. El resto no se atreven, porque la bici resbala y las caídas son continuas, aunque la nieve amortigua cualquier daño. Tras caerme dos veces aprendo que el truco está en no tocar en ningún momento el freno. Si quieres frenar, diriges la bici hacia los lados, donde la nieve es más espesa y la bici se frena por si sola. Al llegar a la zona donde ya no hay nieve, encuentro a Josu haciendo unos extraños ejercicios de autoreanimación de sus pies, me recuerda a una danza tribal de la zona de Tasmania que vi días antes en un documental. Me pregunto si es que él también lo vio y ha elegido ese paraje desierto para ponerlo en práctica. Me intenta hablar, pero no le entiendo porque tiene la voz fofa por el frío. Es dantesco. Cojo el bidón de agua para beber algo, pero es imposible, el agua está helada dentro del bidón. Por fin llegan el resto y nos vamos de allí, sintiendo que ha sido una experiencia increíble, pero insufrible. Josu dice que es todo bajada hasta Majaelrayo, lo que se contradice con lo abrupto del terreno y llegamos al albergue casi de noche y casi desmayados. El albergue es una de las peores experiencias en la historia de Pedalibre: sucio, frío, con estridente música heavy hasta las tantas de la noche, con mucho humo, ventanas rotas, goteras. A la una de la madrugada, en la oscuridad, una chica que no es de nuestro grupo se confunde y se intenta meter en el estrecho espacio de suelo que quedaba entre Mariano y yo. Pese a nuestra primaria sorpresa y posterior aceptación de los hechos, la chica, que parece estar bajo los efectos de alguna bebida de alto contenido etílico, se da cuenta del error y, lamentablemente, se retira.
A la mañana siguiente, como venganza por el ruido de la noche anterior, armamos todo el ruido posible con movimiento de bolsas y preguntas sin sentido como “¿QUÉ TAL HAS DORMIDO?” Antes de salir, vemos perplejos mientras desayunamos cómo un perro de los heavies se mea en las alforjas de Josu. Pensamos que ya no puede ocurrir nada peor, pero nos equivocamos, está lloviendo a mares y ya no lo deja en todo el día (bueno sí, lo deja cuando acabamos la ruta en Espinosa de Henares). En mi larga historia cicloturista, sólo recuerdo tanta lluvia en una ruta por el País de Gales en el año 92, pero claro, era el País de Gales.
Cada uno va a su ritmo, esto es un sálvese quién pueda. En Tamajón, pese a ser vegetariano, me como unos huevos fritos con chorizo y queso, porque es lo único que había y estaba rendido. En Cogolludo nos juntamos todos, en la mesa de un bar, con un consomé maravilloso. Al levantarnos hemos dejado un charcho enorme todo alrededor de la mesa, estamos empapadísimos. En Espinosa, antes de coger el tren, y ya andando, resbalo hacia atrás y me pego un golpe en el coxis y en la cabeza (no llevaba casco, pero si un gorro de la British Army, que me amortigua el golpe en la cabeza).
Todavía, cuando vienen borrascas fuertes y baja mucho la presión atmosférica, tengo ligeras molestias en el coxis que me recuerdan aquellas lluvias, aquellos paisajes y aquella excursión de la que, pese a todo, aún no me arrepiento de haber ido.
Juan Merallo

Verano de 1999. Ruta de Pedalibre por el Macizo Central Francés. · 17.10.06 por Juan Merallo
La Auvernia (Auvergne, en francés) es también conocida como el Macizo Central Francés y es un auténtico mundo de contrastes tan diferente a las llanas campiñas tan habituales en Francia. La Auvernia es una zona de gente sonriente y amable, con volcanes extinguidos, que ha dado una peculiar forma a sus valles, haciéndolos únicos, misteriosos y muy a menudo sumergidos por la niebla.
En la foto se puede observar la subida del mítico Puy Mary, puerto en el que hicieron leyenda durante el Tour de Francia gente como Delgado, Lemon, Fignon… y todavía aún se podían leer sus nombres escritos con pintura en el asfalto.
Mientras algunos cicloturistas ya estaban en lo alto del puerto disfrutando de las vistas o mirando la tienda de souvenirs, otros esforzados cicloturistas aún no habían llegado a una de las peores curvas en herradura de la subida. El que suscribe, que ya había pasado en bici por allí hacía unos años y era por tanto conocedor de lo que faltaba hasta el puerto (un duro kilómetro y medio final), se para y escribe con tiza en el asfalto los nombres de los que faltan por pasar. Mereció la pena sólo por ver las sonrisas de los amigos al llegar a ese punto.

En el camino · 14.01.06 por Carlos Gamo

Esta foto fue tomada en el año 85, cuando un grupo de aguerridos e incipientes aventureros cogimos unos trastos llamados bicicletas y recorrimos el Camino de Santiago desde Somport. En ese momento llevábamos 6 días de viaje. Estamos acompañados por el párroco de Sangüesa que nos estuvo explicando de viva voz el significado del bello pórtico de la iglesia de Santa María la Real.
Los viajeros fuimos un tal Oscar Durantez, Vicente, Chema, Paco y yo, sí, ese que esta al lado del cura.
