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En primavera florece el préstamo de bicicletas · 22.01.07 por Ángel Postigo

Al igual que las modas se extienden poco a poco e imponen patrones y estéticas de forma imparable, parece que bastantes ayuntamientos españoles se están apuntando a proyectos de movilidad que incluyen el préstamo de bicicletas, influidos probablemente por la cercanía de las elecciones con sus urgencias promocionales.
Ciclopedia ha recopilado noticias de muchas localidades estos últimos meses: en León se inicia el préstamo en febrero; Valladolid y Vigo tendrán cien bicicletas en marzo, lo mismo que Ponferrada; Plasencia ha iniciado la contratación de un proyecto con las mismas cifras; Alcalá de Henares está poniendo en marcha un servicio de préstamo en el campus universitario, pionero en España, y otro con unas 150 bicis en la ciudad; Santander ya cuenta con esas cien bicis (parece que es el estándar de partida) desde julio; La Coruña y Gijón ya disponen hace algún tiempo del servicio, Cartagena tiene en marcha un proyecto llamado Bicity; Burgos inició el préstamo en julio siguiendo la estela del que ya funciona en Córdoba. Tarrasa también se ha puesto manos a la obra. Por otro lado Vitoria y Bilbao ofrecen préstamo de bicicletas parte del año y están ampliando los meses de servicio dado el aumento imparable de la demanda, un 73% en la primera de estas ciudades según la prensa local.

Según un estudio de Haritz Ferrando, del Bicicleta Club de Cataluña, las bicicletas públicas son una innovación flexible para el transporte urbano. Se distinguen de los sistemas tradicionales de alquiler de bicicletas, a menudo para el ocio, en que tienen un acceso más rápido, más fácil y son para un uso diario. La mayoría de los sistemas de préstamo pueden ser utilizados para ir en una dirección y se puede dejar el vehículo en el destino de viaje. Algunos son de pago y otros gratuitos. Añade Ferrando en su estudio que a la hora de poner en funcionamiento un servicio público de préstamo de bicicletas hay que considerar cuatro factores principalmente: el contexto local y el grupo destinatario; la cultura de la bicicleta existente en el lugar; y la necesidad de integrar el préstamo en una estrategia general de movilidad.

Un vistazo a la lista de las ciudades mencionadas en estas líneas deja ver la ausencia de las grandes ciudades españolas. No hay nada que impida que esta oleada de entusiasmo por el préstamo de bicicletas se extienda a ciudades de gran tamaño. Aunque hay iniciativas en Alemania, Gran Bretaña, Italia, etc. hacia los que mirar para tomar nota de cómo incluir la bicicleta pública en las grandes urbes, es quizás la ciudad francesa de Lyon, la segunda más grande de Francia, la que ofrece un modelo reciente de gran éxito en este sentido. Las cifras cantan: cada una de las 2000 bicicletas que ya funcionan se usa 16 veces en un día de verano; desde su comienzo en julio de 2005 y en los seis meses siguientes hubo 2 millones de desplazamientos en bicicleta y el porcentaje de este vehículo en el reparto modal pasó del 2 al 4%.

Al contrario que la moda, no hay nada de frívolo ni de pasajero en la pujanza de los servicios de préstamo de bicicletas. Más allá de las medidas electoralistas, la bicicleta pública debe ser un servicio básico para el ciudadano, como la sanidad o la educación, tan beneficioso para el individuo como conveniente para la colectividad.

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