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Del peaje a la periferia · 17.10.06 por Ángel Postigo

Se ha abierto muy tímidamente en Madrid la discusión sobre el peaje urbano. Ha sido de manera tan poco decidida que el partido de la oposición que amagó con empezar a debatirlo se echó atrás, achicado seguramente por el fantasma de la impopularidad de un impuesto indirecto. Con las elecciones municipales a la vuelta de la esquina un debate tan importante podría perjudicar a quien tuviera la valentía de proponerlo dadas la complejidad y las consecuencias de una medida así. Además de una cuestión de calendario, el peaje urbano se enfrenta a prejuicios muy arraigados, siendo el más grave la creencia de que el modelo de ciudad centrado en el automóvil es una fatalidad imposible de soslayar.

Sin embargo el debate sobre el peaje no tiene verdadero sentido: ya sólo se trata de decidir cómo y cuándo implantarlo. Los ejemplos de Londres y de Estocolmo muestran a las claras, en ciudades bien diferentes, la necesidad y los beneficios del peaje; la ruina económica que supone el modelo de desarrollo urbano centrado en el coche obligará a los gobiernos municipales a subir los impuestos por su uso, a reducir su espacio a favor de peatones y ciclistas y a reinvertir lo ahorrado en transporte público. A ellos les corresponde explicar a millones de ciudadanos acostumbrados al uso indiscriminado del automóvil, inconscientes (no necesariamente ignorantes) en alguna medida de sus repercusiones sociales y medioambientales, con el cambio climático a la cabeza, que es necesario cambiar de comportamiento y pagar el verdadero precio que supone la sociedad del automóvil.

Como en el caso de la peatonalización de los centros urbanos, la experiencia demuestra que los vecinos acaban por apoyar estas limitaciones y valoran enormemente los beneficios que conllevan. Pero, ¿de cuántos “beneficiarios” estamos hablando? Por citar el caso extremo, el famoso peaje urbano de Londres no afecta más que a un 1% del territorio de la ciudad. Los centros históricos, objetivo habitual de las peatonalizaciones en España, son cada vez más pequeños en relación al resto de unas urbes que se extienden sin control hacia periferias cada vez más densas, más alejadas, más desestructuradas, peor servidas de transporte público y más dependientes del coche y sus costosísimas infraestructuras.

Es comprensible que los centros urbanos merezcan la atención de los medios y los ciudadanos, pero puede ser ya hora de desplazar esa atención hacia donde más gente vive y donde los efectos de un desarrollo urbano insostenible son más graves. Los pueblos y ciudades absorbidas por Madrid, los nuevos e inmensos barrios que rodean la capital empeorarán los ya gravísimos problemas de transporte de la Comunidad si no se pone pronto remedio. Son necesarias en ellos políticas decididas de creación de centros urbanos dinámicos que los pueblen de vida social y económica, que eviten la dependencia de las grandes superficies comerciales sólo accesibles en vehículo privado, que limiten el uso del coche y su velocidad para favorecer los desplazamientos a pie, en bicicleta y en transporte público.

Madrid roza los 6 millones de habitantes y, con mucha probabilidad, su futuro es el de una megalópolis. Ese “Gran Madrid” o “Madrid D.F.” llegará inevitablemente al peaje urbano y a la peatonalización del centro. Deberá cuanto antes quemar etapas para enfrentarse a las consecuencias insostenibles de su expansión por un enorme territorio donde vive la mayor parte de su población.

  1. pueden enviarme la revista, o cualquie informacion, bicicletas antiguas, compra de llantas etc.


    enrique Santamaria    May 2, 08:46 AM    #
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