Generaciones · 14.01.06 por Editorial
Las primeras generaciones de automóviles debieron ser un invento curioso; las segundas hacían juego; las terceras eran ya fundamentalmente un número y las cuartas ostensiblemente un engorro. A partir de ahí, y hasta el número de millones de automóviles que hoy pueblan y avasallan la tierra, se extiende el cómputo imprevisible de nuestra demencia.
Presentación de los números 18-19 de la Revista Archipiélago
