Engendro con volante · 10.04.06 por José María Barreiro

Al mirar ésta foto me pregunto por las intenciones del padre de este engendro con volante automovilístico.
Me he repasado la historia de la bicicleta para convencerme que la bici es la madre del automóvil y de la motocicleta. Nuestra malmirada bicicleta nació como juguete de barones y herreros. Algunos alemanes con imaginación se dieron cuenta de que podían prescindir del coche de caballos, o mejor del caballo del coche y ahí empezó todo.
Ni en los velocípedos dirigibles, ni en los célérifère, ni en las draisianas, michaulinas o calcorotas, he encontrado nada que se le parezca. Esta barbaridad no debe ser confortable ni práctica. El peso del volante es mayor que el de un manillar. La utilidad del volante reside en ser una palanca a la que se aplica un par de fuerza para hacer girar unas ruedas pesadas. Aquí no hay resistencia al giro, y si se le diera una sola vuelta en marcha, catapultaría al conductor. La única explicación que se me ocurre es que se ha querido rendir un tributo al coche con motor de explosión: ese hijastro de la bicicleta.
Hay que recordar que Gottlieb Daimler (1885) era incapaz de mantener el equilibrio en los velocípedos de entonces y debían parecerle muy lentos y pesados los triciclos o los coches de palanca.
Pero ni siquiera esos primeros automóviles utilizaban volante. Las ruedas eran de bicicleta y al ser ligeras no necesitaban el par de fuerzas para moverlas.
