En mis primeras salidas
cicloturistas comía al mediodía
en casas de comidas y por la noche algo frío
que compraba. Después de un tiempo me di cuenta
que esto, además de ser muy aburrido, no me daba
la autonomía que necesitaba y me planteé
que simplemente tenía que hacer en
el campo las mismas recetas
que en casa, con pequeñas variaciones. Algunas
son tan sencillas que no necesitan nada especial además
de lo típico: cacerola pequeña, unidad
de gas o alcohol para calentar y una pequeña
sartén, y solo unas pocas cosillas más
para platos muy sibaritas. Lo que si es necesario son
quizá unos truquillos para simplificar la espera
y el combustible.
Juan
Merallo Grande |
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